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Las 7 diferencias

Termina la semana más complicada en lo económico desde que Mariano Rajoy llegó a la Moncloa. Dicen los analistas que otra vez los mercados han puesto a España contra la espada y la pared, con niveles de incertidumbre similares a la vivida durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Hay quien ha encontrado paralelismos entre ambos presidentes. Dejemos a los expertos en economía la comparativa del fondo de las decisiones de ambos y centrémonos en la forma. Como en aquel pasatiempo de las revistas, no es tan difícil encontrar las sietes diferencias:

1. La cara de ZP y el gesto de Rajoy. Mariano Rajoy no ha presentado públicamente ninguno de los ajustes impulsadas por su Gobierno para cumplir con el objetivo de déficit, llegando incluso a enmudecer el martes delante de una nube de periodistas, de los que huyó con el gesto descompuesto. El grueso de las medidas han sido defendidas por su escudera, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros. Dos de ellas, por cierto, en fechas previas a vacaciones en las que la vida familiar y la ruptura de las rutinas hace olvidar con más facilidad los disgustos colectivos. José Luis Rodríguez Zapatero fue el rostro de la crisis. Fue él quien el 12 de mayo de 2010 dio la primicia a los españoles de que iba a meter la tijera. Desde entonces y hasta que abandonó la Moncloa, estuvo directamente identificado con la prima de riesgo, los mercados y los recortes, incluida la sensible bajada salarial a los funcionarios.

2. Diálogo, ese trecho que va de la mayoría simple a la absoluta. Mariano Rajoy lo recordó el miércoles: «Lo que el  Gobierno no puede hacer es tomar decisiones que quieren otros grupos parlamentarios que tienen muchísimo menos apoyo». Así de claro. Es cierto que los votos que no provienen de su grupo le sirven a Rajoy para mitigar la imagen del rodillo que todo lo arrasa y, sobre todo, para intentar lanzar un mensaje de fortaleza en los grandes asuntos económicos frente a las presiones de los mercados y de las instituciones europeas (objetivo frustrado en el pleno de esta semana), pero el PP tiene las manos libres. Su mayoría absoluta le permite hacer y deshacer frente a la pasada legislatura en la que un PSOE en minoría se veía obligado trenzar acuerdos ad hoc para cada una de las decisiones. Esa debilidad parlamentaria le obligaba a negociar, sí o sí. No es lo mismo plantear unos Presupuestos Generales del Estado “de guerra” (Margallo dixit) que saldrán adelante con tranquilidad con la disciplina de voto del PP en el Congreso que afrontar la reducción del déficit teniendo que contentar a otros. De hecho, Zapatero decidió no presentar los de 2012.

3. Apocalipsis vs. regeneración. Las alianzas sociales y mediáticas del Gobierno del PP al afrontar la impopular gestión de la crisis nada tienen que ver con la soledad del PSOE de los recortes. Es cierto que los sindicatos UGT y CCOO se han convertido en grandes cómplices electorales de la izquierda para las elecciones andaluzas del 25-M, pero no lo es menos que también a Rodríguez Zapatero le hicieron una huelga general. En la convocada contra la reforma laboral del PP, el pasado 29-M, hay quien ha observado una mayor virulencia sindical que en la anterior pero, día sí y día también, el mensaje del Gobierno se ha visto reforzado desde las filas de la patronal, que actúan de portavoces oficiosos del mensaje oficial que se hornea en Moncloa. Del lado mediático, la hemeroteca es reveladora. Las mismas cabeceras que vaticinaban la catástrofe y denunciaban los recortes cuando era Zapatero el que se afanaba en reducir el déficit, jalean ahora a Rajoy y reclaman desde sus editoriales un cierre de filas nacional y un esfuerzo colectivo para salir adelante, apelando al espíritu del regeneracionismo

4. Frenesí electoral frente estabilidad política. La ofensiva de los mercados a España se produce en tiempos políticos muy diferentes para Mariano Rajoy que para José Luis Rodríguez Zapatero. Durante el mandato socialista, la crisis persentó su perfil más duro entre dos convocatorias electorales, las municipales y autonómicas de mayo de 2011 y las generales del 20 de noviembre. A la alteración de los discursos y de las estrategias que siempre supone el escenario electoral hay que sumar el hecho de que las instituciones de más de media España hicieron mudanza después de que los populares barrieran a los socialistas de ayuntamientos y autonomías. Cambiaron los interlocutores del Gobierno de Zapatero, más solo que antes de la convocatoria electoral de mayo, lo que le aportó nuevas dosis de inestabilidad. Rajoy, por contra, afronta un escenario muy difícil en lo económico pero, salvo imprevistos, despejado en lo político (hasta 2013 no hay cita electoral). Cuenta con un coro de voces a su favor en las autonomías sólo con un contrapeso de entidad: Andalucía.

5. Andalucía, de la lealtad de la confrontación. El hecho diferencial está ahora en el sur. El resultado de los comicios del pasado 25 de marzo han provocado un indisimulado cambio de roles con respecto al Gobierno central. La moderación y lealtad de los socialistas andaluces con el Gobierno ‘amigo’ de Zapatero que ajustaba las cuentas para enjugar el déficit fueron muy distintos al tono con el que ahora se enfrentan a las decisiones de Rajoy. La justificación: el contraste de un modelo neoliberal frente a la resistencia socialdemócrata de Andalucía. También en el PP andaluz se han visto obligados a cambiar de registros. El Javier Arenas que tenía encuestas que le hacían presidente de la Junta no pronunciaba la palabra recortes, sólo había reformas en su vocabulario. Los populares andaluces ya denuncian «drásticos recortes» por parte de la Junta, en un intento de identificar al Gobierno andaluz con los efectos negativos de la crisis.

6. Tener o no tener una herencia. El miércoles, en el Congreso, el duelo de las  ‘Sorayas’ (la vicepresidenta del Gobierno, Sáenz de Santamaría, y la portavoz del PSOE, Rodríguez) volvió a poner de actualidad el argumento de la herencia socialista. En  la gestión de la crisis del PSOE ha sustentado hasta ahora el Gobierno el PP la defensa de todas sus decisiones impopulares, desde subir los impuestos a pesar de haber negado esa posibilidad en campaña hasta presentar unos Presupuestos Generales del Estado «de guerra» (Margallo dixit). Zapatero no tuvo chivo expiatorio: la tormenta de la crisis se desató cuando era ocupante de la Moncloa y cuando el poder autonómico se lo repartían a medias socialistas y populares. Este escenario ayudó, por ejemplo, al reconocimiento tardío de la crisis, que durante demasiado tiempo fue considerada sólo desaceleración.

7. El miedo a extender el miedo y una Atenas en llamas. El 15 de mayo de 2010, tres días después del anuncio de Zapatero de sus recortes, el ex ministro de Fomento José Blanco se fue al programa de más audiencia de la noche del sábado, en Telecinco, a explicar a la gente el porqué de ese cambio de rumbo en la acción del Gobierno. El objetivo era trasladar a los españoles un mensaje de firmeza y confianza sin generar miedo. Son muchos los socialistas que entienden que el castigo electoral a Zapatero tuvo mucho que ver con el hecho de que ni él ni los suyos fueron lo suficientemente explícitos sobre la gravedad de la situación. Mariano Rajoy llegó a la Moncloa cuando los españoles ya eran absolutamente conscientes de cuáles son las consecuencias de la presión de los mercados y qué supone un rescate como el de Grecia. La imagen de Atenas en llamas, ardiendo por un conflicto social imparable tras el saqueo económico, ya está instalada en el imaginario colectivo. Hay muchos analistas que ven en el miedo una coartada de los populares para adaptar el modelo de Estado a sus planteamientos ideológicos, pero Mariano Rajoy también parece temer al miedo. El jueves, tras una semana de vértigo, quiso espantar el fantasma del rescate.

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