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El acabose

Que tenía yo pensado hacer muchas para cambiar el mundo, o por lo menos mejorarlo,  pero que como se acaba… Pues eso, que creo que hasta aquí hemos llegado. “Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Tenía pensado dar un puñetazo en la mesa en Bruselas, como dije muchas veces cuando gobernaban los otros. El caso es que lo fui dejando y entre unas cosas y otras… Con los líos de Europa ya se sabe. Es que el Justius Lipsius te quita las ganas de todo. Entras en esa sede con aires de octava potencia del mundo y te pasas el día por los pasillos mendigando bilaterales, dándote cuenta al cabo de que solo te puede dar lo que tu país necesita uno que dice lo mismo que el tipo a quien aplastaste en las urnas hace un año. Bueno, a ver:  ninguno de los míos me ha dicho aún que fue él quien se desplomó solo, que no me apunte el tanto de la derrota electoral, y la verdad es que yo tampoco les digo a ellos que ya me di cuenta de eso hace tiempo. 

No sé si me aturde más esa confusión de discursos o la moqueta gris y monótona de ese edificio enfermo, que anula cualquier referencia espacio-temporal. Mi despacho de Bruselas tiene un gran ventanal que da a una gran azotea con chimeneas, pero allí paro poco. Yo no soy tan como José María de poner los pies encima de la mesa, pero ni siquiera he podido intercambiar los humos de mi puro con los líderes de la vieja Europa: allí tampoco dejan fumar. ¡No sabéis los estragos que ha hecho la herencia de Zapatero a escala continental! Para que los miembros no se congelen, la UE tiene habilitados unos cubículos hediondos en los que, en cuanto te despistas, se te mete cualquiera. Desde un asesor de Ángela a un ministro croata mismo. Es que para gestionar los monos nacionales, la UE  es muy democrática. También para dar la palabra en las reuniones de los 27: a mi ministro, por mucho que entre ceñudo y dispuesto a batallar, le llaman Luis. Y claro, se viene abajo. Se nos cae (del guindo, añaden casi siempre los chistosos de los corresponsales. Maldita la gracia). 

Tenía pensado, no sé, hacer algo más o menos lucido durante mi primer año de mandato. Inaugurar un AVE, un pantano (dicen que es la fantasía más presidencial de todas) o una planta nueva de un museo mismo… Pero es que la realidad se ha ido imponiendo. Desde el principio, oye. Éstos desalojaron el 22 de diciembre, jueves, y los viernes 23 y 30 ya teníamos a la realidad acelerando por la carretera de La Coruña hacia Palacio. ¿Qué os voy a contar? Si ya sabéis que la cosa fue empeorando semana por semana. Mi vice, que durante el traspaso de poderes estaba muy contenta con el otro y sus chicos porque le mandaban todos los papeles y le consultaban cada posicionamiento internacional y eso, empezó a decir entonces que la habían engañado y que más que una herencia nos habían dejado una condena. Un desaguisado, como yo digo. Hasta el verano más a menos vivimos de las rentas de esa ruina, pero hace meses que la minoría ruidosa está más radical que nunca y contagia a mi mayoría silenciosa. Con tantas gaitas (¡ay, don Manuel, si usted supiera), solo he tenido un día de ésos de cortar cintas. Fue en Palencia, en la fábrica de Renault; y me criticaron por no sé qué.

Tenía pensado, en fin, pssss… Pensaba no tocar lo fundamental. La sanidad, la educación,  las pensiones… Lo de la reforma laboral sí que lo tenía previsto porque los de la patronal ya habían presentado ese borrador muchas veces y los de antes le habían dado con el texto en las narices, pero las pensiones y eso no quería yo tocarlas. La prueba es que tuvimos que poner en el cuarto párrafo de una nota de prensa que íbamos a recortar 10.000 millones más en educación y sanidad porque con las cuentas que habíamos dicho no llegábamos. No me recordéis ese día, ¡qué aprietos de última hora! Y así todo, ¿qué queréis que os diga? Lo que yo pensé el otro día cuando se montó todo lo de las pensiones es decir que, en pudiendo, revisamos el poder adquisitivo de los mayores que son los que realmente están tirando de la familia española tradicional. Pero como se acaba el mundo no va a poder ser…. Pues sí. Se perderá en el agujero negro del no-mundo mi compromiso de descongelar a los pensionistas y también, y eso me ofusca bastante más, el recuerdo de que fue el otro quien recortó primero a los funcionarios. 

La cosa es que pedí a los míos unas palabritas findemundistas, por si mi dircom se empeñaba en que había que dar una rueda de prensa con respuestas (por darle un gusto a la mujer, que lleva pasado mucho). Y ha sido curioso: todos me han colado en los papeles el monólogo de Roy Batty agonizando. Ellos nunca han sido de cortaypegas, pero los mayas han debido de desmotivarles y yo ya no estoy para incordiar a nadie. Pelillos a la mar (¡ay, qué infortunio, que los pelillos me recuerdan a los hillillos!). Eso sí, van apañaos si piensan que voy a mencionar la Puerta de Tannhäuser ésa si decido responder a preguntas. En alemán no pronuncio yo nada que no quiero llamar la atención de Ángela. Capaz es la Frau de, en pleno acabose, cuando por fin se esté precipitando el final definitivo, decidir que nos rescata. Que el solsticio llegue cuanto antes y que sea lo que Dios (con mayúsculas, sí) quiera.

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