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4 de octubre

Con motivo del concurso de relatos de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, escribí hace unos meses este texto inspirado en un día cualquiera del mes de octubre de 2017. Elegí el 4 de octubre porque fue la fecha en la que, según el registro de mi móvil, le hice la foto a la alineación de la Real Sociedad que presidía en pasillo del Congreso en el que pasábamos muchas horas de trabajo por aquellas fechas. Ha pasado un año de aquellos acontecimientos que marcaron la historia y nuestras historias así que ahí lo dejo, como un recuerdo cariñoso a mis compañeros de ‘procés’. Es un relato basado en hechos reales aunque ningún personaje lo es del todo…

El pasillo

Qué poca luz hay en este pasillo y qué poca ventilación. Ninguna, en realidad. Las obras en las salas de trabajo de la prensa en el Congreso de los Diputados han desplazado hasta aquí a una población flotante de periodistas, variada en acentos y procedencia, que convive y sobrevive a las reformas de la Cámara y el procés.

-Egun on. ¿Se te pegaron las sábanas?

Los vascos ya han llegado hoy y están ansiosos por comentar las primeras reacciones al mensaje que anoche lanzó el Rey, de forma excepcional, a todos los españoles. Me cuentan las últimas novedades sin despegar la vista del ordenador, que son menos cuarto y a las en punto tienen boleto en la radio. Son dos. Uno hace la crónica en euskera y el otro, en castellano. A la misma hora, las mismas piezas en las dos lenguas, que tienen doble antena. El once de 2016-2017 de la Real Sociedad los vigila a todos desde la pared. Una doble página arrancada en su día de El Correo y que no han dejado atrás en la mudanza.

-Anda! -comento mientras avanzo por el corredor hasta mi puesto-. Mi hermano es de la Real, aunque es andaluz… Creo que ganasteis algo cuando era pequeño y ya fue seguidor para toda la vida.

-Qué bueno, ya te digo, dos ligas, la Copa y la Supercopa, glorioso. Aúpa tu hermano.

Para acceder a mi sitio tengo que pasar antes por la actualidad radiada de Andalucía, Aragón, Extremadura, Euskadi, Galicia, Madrid y Cataluña. El pasillo de la plurinacionalidad, lo hemos bautizado. La animada conversación de unos y otros se confunde con el rumor apresurado de las últimas llamadas de teléfono antes de entrar en directo. “Bajáis un poco, porfa? Que vamos ahora. Merci”. Son las 12, las 11 en Canarias.

En una entrevista en la BBC grabada antes del mensaje del Rey, el president Puigdemont ha subrayado que la declaración de independencia se efectuará «en cuestión de días», después de que el ‘sí’ ganara con el 90% de los votos en el referéndum del domingo. Declararán la independencia, ha dicho, en 48 horas después de que los datos sean oficiales.

Dudo de haberme enterado bien de la crónica en catalán:

-¿En 48 horas después del recuento oficial de los datos? ¿Eso han dicho?

-Tía, lo pillas todo ya en catalán… Sí, que sigue adelante. Es que no veas como está mi gente allí, tendrías que oírlos, que no somos indepes ninguno, pero no hay derecho a los palos. No hay derecho, no. Yo tengo un montón de amigos que no iban a votar y votaron, con eso te lo digo todo. Por la indignación. Que las abuelas de Convergencia acabaron arrastradas por los suelos con los pendientes de Tous. ¡Tous por los suelos! Y el Rey anoche puso la guinda.

-No soltó ni un bona nit, no.

Todavía no he dejado el bolso en mi mesa. Son unos cuantos metros los que tengo que recorrer pero últimamente tardo más de la cuenta. Me paro con todos. No lo puedo evitar. Hoy la charla es obligada, me digo. Muchos compañeros catalanes no vinieron en todo el día de ayer porque secundaron la huelga en protesta por las cargas del 1 de octubre y hasta hoy no he podido hablar con ellos. Sí que intercambiamos unos cuantos mensajes anoche:

-“Madre mía, no era esa la idea”, recibí a las 21.13, cuando Felipe VI acababa de poner el broche a su intervención televisiva.

“Termino ya estas palabras dirigidas a todo el pueblo español para subrayar el firme compromiso de la Corona con la Constitución y la democracia. Mi entrega al entendimiento y la concordia de los españoles y mi compromiso como rey con la unidad y la permanencia de España”.

-“Bff, que mal”, añadió, sin tilde.

-“Bff, vaya papelon Pedro Sanchez ahora”, me llegó a las 21.17, también sin tilde alguna.

Y fin de la charla:

-“No salimos de esta como sigamos igual”. Fue el mensaje de mi interlocutor después del doble tick azul a mi respuesta. Desde mi sofá, para su estupor (que él es catalán y vivió las primarias socialistas del no es no es Barcelona) servidora había sentenciado:

-“Pedro no se va a menear del lado de Mariano Rajoy”. Cuánto me gusta el verbo menear y qué pena no usarlo nunca en las crónicas.

La cosa es que no hablamos de Cataluña solo cuando está piloto rojo encendido. Realmente, hablamos de Cataluña a todas horas. Llevamos días enfrascados en debates sin acentuar sobre el procés. De tuiter huyo a menudo, para poder conciliar el sueño después, pero los grupos de whatsapp hervían ayer cuando sonó el buenas noches de cierre del discurso real.

Hubo mensaje inmediato de la madre a las hijas:

-“Niñas, ¿qué os ha parecido el Rey? A mí me ha gustado”.

Del amigo ajeno a la actualidad que acababa de volver de un martes de trabajo:

-“Cenando una lata de sardinas y con el Rey en la radio tengo la sensación de estar oyendo un parte de guerra. A ver si para la Hispanidad no nos llaman a los hombres sanos para invadir Cataluña. Tiene cojones esto”.

De la veterana periodista de ese grupo tan variopinto en el que sigues:

-“A mí el Rey no me ha gustado. Para eso se calla. O convoca a los partidos o que se quede callado”.

De la que vive escribiendo de la actualidad fuera de la capital de reino:

-“Pero sí que apela al entendimiento y al acuerdo dentro de la ley. Es que no puede decir otra cosa, me parece a mí. Yo ya directamente me declaro facha. Paso de todo. A mí me gustó el Rey”.

Del compañero impresionable en el grupo del trabajo:

-“¿No tenéis miedo?”.

De la analista en la corte:

-“Ha demostrado cero empatía: no ha mencionado a los heridos”.

De aquel que en verano, tras los atentados de Barcelona y Cambrils, quería que echaran a los musulmanes:

– “155 ya, eso es lo que está diciendo el Rey y el Ejército controlando la situación que para eso está”.

Y de las fuentes. Las fuentes que, una vez oídas las primeras reacciones de todos los partidos y revisadas las primaras ráfagas de tuits, empezaron a pensar por libre. Algunas callaron y se fueron a dormir con sus reflexiones. Otras optaron por el desahogo de la comunicación privada.

-“¿No hay tuit de Pedro, no?”.

Primero fueron eso, las frases cortas, las interjecciones y los puntos suspensivos atribulados; pero a medida que la noche avanzó el margen de confianza se fue agrandando. Tuit de la alcaldesa de L’Hospitalet de Llobregat, la misma Nuria Marín que el domingo hizo de escudo para evitar las cargas en la jornada de votación ilegal: «Esperábamos más. Esperaba una puerta abierta al diálogo y al consenso. Preocupada, muy preocupada». Lo recibí, ya adormilada, enlazado a un mensaje que decía así:

-«¿Qué diálogo cabe con quien plantea un todo o nada? Yo apruebo de la ‘a’ a la ‘z’ las palabras del Rey”.

Y no faltó el debate en el grupo de la pandilla del pueblo, muchos de ellos trabajadores del sector bancario. Uno cortó y pegó el comunicado de su empresa en el grupo en el que seguimos empadronados en la patria de la infancia:

-“La dirección de Caixa Bank ha trasladado a sus trabajadores que el único objetivo de la entidad es proteger, en todo momento, los intereses de sus clientes, accionistas y empleados para señalar que eso será lo que guía decisiones futuras en el caso de que tuvieran que tomarse”.

De teléfono en teléfono y de ordenador a ordenador, esa nota firme y contundente de la financiera catalana ha recorrido toda la geografía española y vuelve a estar en boca de todos esta mañana. También en nuestro abigarrado pasillo del Congreso.

-La gente se está llevando el dinero a Zaragoza, tía. Me lo ha dicho mi padre que ha ido a preguntar a nuestra oficina, allí en La Bisbal, que nosotros trabajamos todos con La Caixa y le han dicho que no se preocupe que no habrá problema. ¿El Gobierno español de qué va con las amenazas? ¿Es que quieren hundirnos a los catalanes o qué pasa?

-Oye que La Caixa ya es casi andaluza, que compraron todas las cajas y en todos los pueblos de Andalucía hay una Caixa en la plaza.

-Lo que nos faltaba es quedarnos sin ahorros. Pobres y apaleados, tía, que nos molieron a palos el domingo.

Y sale alguien de las profundidades de una de las cabinas cerradas y le pregunta si ella estuvo en Cataluña el 1-O y ella le responde que no, pero que las cargas policiales golpearon su dignidad como catalana.

-Pero no hay colas en los hospitales, repone la voz.

Y añade:

-Dejemos una cosa clara: la gente sabía que no se podía votar, habían desplegado a miles de policías y guardias civiles y a pesar de eso se prestan a que los desalojen y se prestan para ser escudos humanos. No lo puedo entender.

-Porque lo que estaban pidiendo, pacíficamente, es algo que es la esencia de la democracia, votar.

Y ahí quedó la réplica, desconcertada y tal vez airada, desde el pasillo de Babel.

En la cafetería

“Me duele que hables así. ¿Por qué tengo yo que darte explicaciones de si mi familia fue a votar? ¿Tú también das carnés de demócrata? ¿En serio piensas que soy facha porque creo que nos van a llevar al abismo? Yo me harté de llorar el domingo, ¿sabes? Me parece fatal que cargaran contra la gente como lo hicieron pero no quiero que me utilicen. Mi padre es guardia civil, ¿sabes? Sí, lo es. No te lo había dicho porque siempre hablamos de otras cosas. Y mi abuelo y mi tío. Mi padre está jubilado y vive en Tarrasa tranquilo, con mi madre, pero ha trabajado mucho, jugándose la vida, como para que ahora tengamos que oír a nuestros vecinos decir que la Guardia Civil tiene que irse de Cataluña y que les acusen de represión. Que no me gusta lo que han hecho y que me parece fatal que ahora vaya el ministro vaya a reunirse con los del Piolín a darles su apoyo porque los catalanes no los quieren pero me parece fatal que los otros pretendan ahora vender que hay guardias civiles malos y mossos buenos. Yo estaba cuando el 15-M, ¿vale? En la acampada de Barcelona cuando cargaron contra nosotros, que solo estábamos allí concentrados. ¿Por qué tienen que ensuciar la imagen de la Guardia Civil? ¿Por qué tiene mi padre que vivir para ver esto en Cataluña? Que nosotros no somos sospechosos de nada. Un verano, cuando yo tenía cinco años, estábamos de vacaciones en el pueblo de mi abuela, en Cáceres, y mi padre nos montó a todos en el coche porque habían puesto una bomba en nuestro cuartel. Vivíamos en Irún y la bomba destrozó toda la fachada del cuartel. No murió nadie pero mi padre quiso que fuéramos toda la familia a ver a los nuestros y nuestra casa destrozada. Mi madre se enfadó con él, no quería que nos lleváramos el disgusto pero él nos metió a todos en el coche y condujo con la mandíbula apretada todo el camino. Él, que se empeñó en librarnos del miedo los años que estuvimos allí. Nunca contaba en casa que venía del entierro de un compañero o que se sentaba en el bar pegado a la pared por seguridad. Éramos pequeñas y nos parecía divertido aprender a decir que nuestro padre trabajaba en la Renfe, que era ferroviario. Mi padre quería que saliéramos de allí cuanto antes pero nunca nos lo decía. No quería que fuéramos conscientes del peligro pero aquel verano, cuando nos llevó a ver el esqueleto calcinado de nuestro cuartel, me quedó claro que mi padre estaba orgulloso de ser guardia civil y que nosotras teníamos que estar con nuestros amiguitos ese día, con los mismos con los que jugábamos en el patio mientras mi madre llamaba a mi abuela por el teléfono compartido del pasillo. Siempre le decía que nos iban a trasladar dentro de poco y qué contenta se puso cuando nos fuimos a Cataluña. Mi padre siempre cuenta que sus compañeros de entonces son nuestra familia, aunque nunca los vemos, pero él los recuerda con tanto cariño… Y eso que luego en Cataluña ha estado muchos más años y que allí ha sido todo más fácil y que mi padre ya parece más catalán que extremeño. Mis tíos no entendieron que se quedara en Tarrasa cuando se jubiló, teniendo la casa de mi abuela vacía, pero él siempre dice que uno es de donde nacen sus nietos y como mi hermana se casó allí. Y que mi padre haya tenido que ver cómo acosan a los guardias civiles en Calella. ¿Has visto hoy lo de Sant Andreu de la Barca? Que los hijos de los guardias llegaron llorando a casa porque les preguntaron uno por uno en el colegio su opinión sobre lo del domingo y los señalaron. Eso contaban. Y los niños no tienen la culpa de nada. Y ya lo sabes porque has estado delante muchas veces, que yo he discutido aquí en Madrid con los que dicen que los catalanes estamos adoctrinados, que no tolero eso, que me parece una vergüenza que piensen que somos todos tontos y que no pensamos porque nos han lavado el cerebro. Por eso me da mucha pena que me vengas con eso, que me mires por encima del hombro, sí, que es lo que has hecho. Vale, pues si no lo has hecho me lo ha parecido. Contigo hablo con confianza, joder, estaría bueno. Que no es serio lo que tenemos, ya lo sé, no me lo vayas a decir otra vez, que lo tengo claro, pero al menos sí que podemos hablar sin tapujos. En fin, que ya está. Que mejor no me hables de esto si quieres que sigamos viéndonos para pasarlo bien. Termina el café o te dejo aquí solo con tu móvil, que tengo que irme ya. Tengo que escribir una intervención que tiene mi jefe el jueves, fuera, en unas jornadas, y no me concentro. Estoy de los nervios. Y este café del Congreso que está aguado, ¿no? Qué mal se desayuna en Madrid. Ya sabes que me gusta estar aquí, que no soy como tú que estás de paso, pero a la hora del desayuno me arrepiento siempre de haber hecho las maletas. Igual voy el finde a casa. Una escudella lo cura todo. Ya te cuento”.

En el patio

No hay que ser miembro de la Mesa para saber cuándo procede disolver un debate. Y además los del pasillo tendrán que trabajar con menos algarabía. Así que dejo mi bolso donde puedo, entre los cables y el teclado de alguien, y abandono las estrecheces de nuestro corralito para salir al patio buscando la luz del mediodía. Que no vaya a más la polémica.

Llevamos días en los que, estemos o no de acuerdo, corremos el riesgo de terminar a gritos. Una conversación entre más de tres suele acabar en discusión. Nos ofuscan los matices. Nos tensan las desconfianzas. Nos irrita el aire viciado de la política y nos inquieta este camino hacia lo desconocido. Pasarán cosas, pero no sabemos qué ni cuándo. Otoño templado de incertidumbres, habría titulado yo a una línea en la maqueta antigua de mi periódico. No, qué va. Seguro que me habría parecido muy cursi.

Pero es que aquí nos sobra tanta prosa. Este patio de los corrillos entre políticos y periodistas, el de los robados posados de sus señorías y las avalanchas de cámaras en los días de pleno parece hoy un campo de batalla. Acceder al otro lado, al edificio del hemiciclo, el del Palacio, se antoja una actividad de riesgo entre los tubos, andamios, sacos de cemento y esas baldosas gigantes que algún serán el suelo que pisamos. O no. Que pocos se atreven hoy a hablar en futuro perfecto. Y este ruido y este polvo de la radial a pleno rendimiento y esta atmósfera tan pesada y tan confusa que no me deja distinguir ni las palabras ni las voces ni los gestos de las siluetas robustas y azules que, con fatiga, como a cámara lenta, danzan alrededor de la enorme hormigonera.

Otra vez está ahí, al otro lado del patio. Con arena en los zapatos, logro alcanzarle antes de que apure el último cigarro. Ahí anda medio escondido. A veces pienso que se refugia debajo de la marquesina para ocultar la vergüenza de seguir siendo fumador, él, que redactó, defendió y votó la ley que cambió los hábitos de consumo en este país. Ha superado los 50 fumando con culpa, cada vez más consciencia de sus contradicciones después de tantas caladas y tantos años. Ahí se ve. Enredado en esta trampa de una madurez en la que ni puede dejar el vicio ni consigue disfrutar de él. Quizá por eso tiembla mientras aprieta fuerte la colilla de Ducados, apurada ya, entre las yemas amarillas y sucias como este mediodía polvoriento.

“Cuando te metes en las obras entiendes la razón por la que has retrasado tanto tiempo”, le comento mientras me sacudo los bajos del pantalón. Y él me escupe eso que lleva un rato rumiando a solas con nicotina: “Todo lo contrario: sirven para darte cuenta de que tendrías que haberles metido mano hace tiempo y que no hay que dejar pasar las cosas. Eso es lo que nos ha pasado ahora con Cataluña. ¡Alguna reforma! ¡Algo! Que no hemos hecho nada y mira cómo estamos. Todo empantanado”.

Y nos enganchamos otra vez en esa conversación melancólica que hemos tenido muchas veces y en ese bucle de lamentos que brotan casi sin invocarlos porque llevamos semanas repitiéndolos. Los hitos de la crisis, las ilegalidades inadmisibles, las oportunidades perdidas y los riesgos que nos acechan. “Mi prima se casa a final de mes en Málaga. Como no vaya a mi madre le da un síncope pero, con este panorama, ya te diré yo si estamos para bodas”, le cuento mientras apaga el enésimo pitillo. Y él esboza una mueca de complicidad antes de volver a su escaño en la Comisión de Interior, que esta mañana comparecen representantes de las asociaciones de Guardia Civil para hablar sobre las condiciones laborales del cuerpo.

El sol abriga ya a esta hora y su señoría hace un esfuerzo por aliviar el gesto antes de despedirse, pero el ambiente no deja de ser plomizo. Mira a un lado y a otro, arquea una ceja a modo de saludo a un ujier que anda crispado por el trasiego de los obreros de mono azul y lo intenta, pero no logra despejar las sombras de su semblante: “Qué largo se nos va a hacer este otoño caliente y cuánto vamos a sufrir”.

En el ascensor

“¿Qué tal, nena? No tienes que responder si no quieres, pero te escribo porque me supo mal lo del desayuno. ¿Tomamos algo cuando salgamos? Al final no tengo tertulia en la tele esta noche. Creo que la última vez no di la caña suficiente y que no me volverán a llamar”.

En las oficinas del grupo parlamentario

Hay días en los que caben varios. Hay días en los que la historia se acelera y los protagonistas, arrastrados por una corriente que parece ingobernable, manotean torpemente para intentar salvarse. Unos lo logran y otros, cuando se descubren desplazados de sus posiciones, hacen lo posible por que no lo parezca.

El Rey ha llamado a recomponer el “orden constitucional”. Lo cuentan a cinco columnas los periódicos y la corbata roja, la mano imperativa y el gesto adusto del monarca. El president y el Govern han redoblado el pulso y se mantienen en la senda de la independencia. El Parlament ya ha dado el paso esta tarde: convoca el Pleno para explicar los resultados y los efectos del referéndum para el 9 de octubre a las 10 de la mañana. Habrá mensaje televisado de Carles Puigdemont por la noche. El Europarlamento y la Comisión europea alertan de los peligros de una declaración unilateral. La Caixa avisa de que solo estará donde la ley asista sus intereses. Hristo Stoichkov se disculpa por haber mencionado al hijo de seis años de la vicepresidenta del Gobierno cuando acusó a su familia de franquista, aunque insiste que lo del domingo fue propio del franquismo. La biotecnológica Oryzon se dispara en la Bolsa tras haber anunciado que deja Cornellà de Llobregat y fija en Madrid su domicilio fiscal. Los alcaldes del PSC se reúnen con su líder tras días de presión por el 1-O y Puigdemont anuncia querella contra el Fiscal General del Estado por haber citado a los regidores, en su estrategia para impedir el referéndum.

Cada minuto, las agencias de noticias lanzan varios teletipos sobre Cataluña mientras en los despachos de los grupos parlamentarios en el Congreso los asesores guardan en el cajón, rendidos ya de intentarlo en vano, las iniciativas estrella previstas para el último trimestre. No hay agenda que no sea catalana. No hay paro, corrupción, violencia de género, lista de espera en los hospitales o fracaso escolar que pueda desplazar un poco, solo un rato, la losa maciza del procés.

Todas las estrategias miran al noreste. La izquierda parlamentaria busca sitio en el desquiciado tablero político. Pablo Iglesias ha reunido hoy a la que denomina Mesa de Partidos por la Libertad, la Fraternidad y la Convivencia en la que están además de su marca catalana, los independentistas del PdCAt, ERC, PNV y Compromis. Resultado: intenta erigirse en mediador y ha llamado a Mariano Rajoy y a Carles Puigdemont para pedirles que abran un proceso de diálogo.

El PSOE no se ha prestado a la estrategia de Podemos, pero fue eso mismo lo que le pidió el lunes Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en la Moncloa. Estuvieron juntos por lo menos hora y media, por tercera vez desde la vuelta de las vacaciones y siempre con Cataluña como único punto a tratar. Ahí fue cuando el líder socialista exigió al presidente del Gobierno abra una negociación inmediata con el de la Generalitat porque el diálogo es “más necesario que nunca”. Eso dijo. Lo mismo que hoy reclama con Pablo Iglesias pero con dos días de diferencia y un acontecimiento cualitativamente importante de por medio: el discurso del Rey.

Antes también de que España se reuniese frente a tele anoche para ver el primer mensaje del jefe del estado sin polvorones encima de la mesa, el PSOE había anunciado la reprobación de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría por la gestión del 1 de octubre y su responsabilidad del último año en la crisis catalana. Hubo en el grupo socialista quien no entendió el movimiento antes de la aparición del Rey y hoy, al lado de la valla que protege a los leones por si esta tarde protesta alguien, más de dos socialistas apuestan por que esa reprobación no se va a llegar a debatir. “No hay que echar más leña al fuego”, ha dejado dicho un presidente autonómico socialista en declaraciones periféricas. En los despachos de prensa de los grupos, cortan y pegan el teletipo. Queda incorporado al dossier.

Pero nadie sabe cuánto combustible más admite esta hoguera antes de convertirse en un fuego fuera de control y nadie, hasta ahora, se ha atrevido a dar un respuesta clara y sencilla sobre actuaciones hipotéticas ante posibles escenarios. Las conversaciones en voz baja provocan zozobra. Porque si el president declara la independencia desde el balcón del Palau de la Generalitat, puede ser inhabilitado y si no admite esta circunstancia puede ser detenido. Cada vez que se menciona esta posibilidad en los corrillos del Congreso se hace el silencio. Y porque si el Pleno del Parlament proclama la independencia de Cataluña se activa el botón nuclear que es el artículo 155 de la Constitución. Y nadie aclara si se pueden convocar elecciones a través de este camino al que invocan muchos opinadores y que jamás se ha recorrido y nadie sabe a dónde conduce. El miedo a la fractura social planea desde la sala de pasos perdidos al Hemiciclo, se cuela por las escaleras nobles, impregna las alfombras más mullidas y atraviesa hasta la ampliación del Congreso tras visitar, uno a uno, todos los recovecos del túnel de la Carrera de San Jerónimo.

En un baño de la Ampliación IV

“Claro que te respondo: No tengo ganas de salir esta noche. Estoy cansada. Si quieres me acompañas andando a casa. Tengo lío y me quedo hasta tarde. Ya sabes. Los asesores somos los ‘enchufados’ del Congreso que trabajamos poco… jeje”.

En la sala de prensa

-Tía, en este pasillo no se ve bien al president, en esta tele tan pequeña. Lo dan por TV3. Vamos a la sala donde han colocado a los periódicos, que tienen pantallas grandes. Eso estará lleno, ya te lo digo. Trabajamos como burros, qué de horas aquí todo el día. ¿Te vienes o qué?

Llegamos a la sala cuando ya ha empezado. Los compañeros se arremolinan alrededor de la pantalla en la que el president habla delante de una única bandera, la catalana. Suena alguna risotada cuando dice que el catalán es un solo pueblo unido en defensa de la democracia.

-¿Qué quieres que diga, tía? Calla que no te vas a enterar. Ah, ahora te habla en español para que te enteres.

“El rey hace suyo el discurso y las políticas del Gobierno Rajoy que han sido catastróficas en relación a Cataluña e ignora deliberadamente a los millones de catalanes que no pensamos como ellos y que han sido víctimas de una violencia policial que ha llegado a medio mundo. La Constitución le da un papel de moderador que no ha tenido. Así no. Con su decisión de ayer, usted decepcionó a mucha gente en Cataluña que le aprecia y que le han ayudado en muchos momentos difíciles de la Institución. Mucha gente que esperaba otro tono».

Ay. Nos miramos. Miramos al resto de los compañeros. Hay quien vuelve a su mesa para seguir trabajando, para esperar la respuesta del Gobierno y la catarata de reacciones volverán a alargar la jornada. El mensaje retador de Puigdemont ha llegado exactamente 24 horas después del jefe del Estado. Hay quien se lleva las manos a la cabeza: “¡Que le pide al Rey respeto a la Constitución! ¡Él!”. Y hay quien hace un esfuerzo por intentar entender: “Está tensando, a ver qué consigue”.

-Es que, te digo una cosa: no pueden echarse atrás ahora, tía. Que la gente votó y les pegaron por votar. Ahora tienen que hacerlo. Si estuvieras allí lo entenderías. Es lo que quieren los catalanes, que han votado muchos.

Y vuelven a llegar las voces advirtiendo a Puigdemont de que la unilateralidad no es el camino y, poco a poco, empieza a vaciarse nuestro pasillo y las cabinas de las otras radios ya tienen casi todas las puertas cerradas y ha venido, hace ya un buen rato, el encargado de seguridad para devolvernos nuestros carnés de prensa, que él deja por hoy el mostrador de las acreditaciones.

Frente al Hotel Palace, donde se alojaba sin escatimar en gastos Josep Lluis Duran y Lleida, han abierto una franquicia andaluza que los miércoles deja los montaditos a un euro. Está llena la terraza a las once de la noche pero logramos una mesa para hacer una parada de camino a casa. No hay otro tema de conversación entre los grupos que nos rodean.

Como vamos una nutrida representación de las españas (hay catalanes, vascos, andaluces, valencianos y mallorquinas en esta improvisada parada para repostar), me temo lo peor. Así que advierto:

-Las críticas a la Cruzcampo os la ahorráis hoy, que ya hemos tenido bastante debate territorial.

-Bebe y disfrútala sin pensar en la dieta que a la boda de Málaga no creo que vayas a ir. Menos mal que nosotros nos reímos. Qué desastre todo. A ver cómo acaba esto, tía.

-¿Qué bien que estamos ahora, eh, chicos? En Barcelona esto cuesta más verdad? Lo de quedarnos todos después del curro a tomar algo.

-¿Que en Barcelona no se potea, ha dicho? Con que tu hermano es de la Real, pues el otro día, el domingo de las hostias a los catalanes, empatamos con el Betis. Aquí no dan cerveza normal, ¿no?

En el diario de sesiones

El señor MONTES ROBLES (Vicepresidente de la Unión de Oficiales de la Guardia Civil Profesional, UO):

Buenos días. En primer lugar, quiero expresar el agradecimiento de la Unión de Oficiales a la labor que vienen desempeñando estos días todos los guardias civiles y policías nacionales en Cataluña. Al mismo tiempo quiero dejar constancia del desánimo y sentimiento de abandono por parte de quienes tienen las responsabilidades políticas. Hoy le pido a esta clase política que esté al nivel de guardias civiles y policías nacionales, que están siendo acosados, increpados, vejados e incluso humillados; que esté a la altura de lo que merecen España y sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por favor.

El señor SILVA NIETO (Presidente de la Asociación de Escala de Suboficiales de la Guardia Civil):

Muchas gracias, señor presidente. Señorías, hoy nuestras preocupaciones son otras muy distintas; yo no tengo el cuerpo para hablar de otra cosa. Los guardias civiles y sus familias están sufriendo en Cataluña: asedios en los cuarteles, niños expulsados de los colegios, amenazas, insultos, acusaciones falsas de agresiones a ancianos, de malos tratos, de brutalidad, de violencia policial. Hasta desde el propio Gobierno de Cataluña se ha pedido que abandonemos esta comunidad autónoma, criminalizándonos ante la sociedad de una forma salvaje y utilizándonos para aumentar la fuerza y la motivación de sus movilizaciones. Los guardias civiles no hacen sino cumplir órdenes, las órdenes del Gobierno y de los tribunales de justicia, que tienen un mandato democrático. Yo no entro a valorar personalmente si esas órdenes han sido buenas o malas, pertinentes o no, si ha habido falta de previsión o no la ha habido.

El señor LOBATO ESTEBAN (Vicepresidente de la Asociación Española de Guardias Civiles, AEGC):

Gracias, señor presidente. Quiero dejar claro que la actuación de nuestros compañeros ha sido en todo momento exquisita y del todo profesional, y así lo ha refrendado la fiscalía hace muy poquitas horas. Esta situación no se habría producido si dos estamentos importantes hubiesen cumplido con su labor: el primero, el ámbito político —del cual ni me está permitido hablar ni quiero hacerlo—, y el segundo —clave tanto para lo sucedido el domingo como para los desgraciados hechos que se llevan produciendo desde la noche del lunes—, el cuerpo de los Mossos d’Esquadra. Las actuaciones de este cuerpo autonómico el pasado domingo fueron de una absoluta y total dejación de funciones, atreviéndome a decir incluso que de entorpecimiento de las órdenes judiciales. Pero para mí —e imagino que para mis compañeros igual— la actuación más grave es la que se está realizando durante los actos de acoso que se llevan viviendo desde la noche del lunes.

El señor RAMÍREZ TREJO (Presidente de la Asociación Pro Guardia Civil, Aprogc):

Muchas gracias. Buenos días, señorías. No puedo empezar esta intervención sin mostrar el rotundo apoyo de esta asociación a todos los guardias civiles que están interviniendo en Cataluña —a todos—. Los guardias civiles han sido enviados a cumplir una orden dimanante de la Fiscalía Superior de Cataluña. Su actuación ha sido legal, de acuerdo a una orden de una autoridad judicial y, en defensa de la legitimidad establecida por el Tribunal Constitucional, con el fin de evitar la comisión de un delito. La actuación ha sido adecuada y proporcionada a la resistencia ejercida y la violencia recibida en muchos casos, como así ha reconocido la fiscalía. Los guardias civiles se han visto obligados a intervenir porque quien tenía que hacerlo ha eludido su obligación. La ley orgánica establece que en ningún caso la obediencia debida podrá amparar órdenes que entrañen ejecución de actos que manifiestamente constituyan delitos o sean contrarios a la Constitución. Hemos llegado al día 1 de octubre después de que los guardias civiles y también sus familias, no lo olvidemos, hayan sido acosados en sus propias casas, de que sus hijos hayan sido discriminados por ser hijos de guardias civiles.

En los leones

-Que no, que yo sigo para casa. A mí no me enradáis más. Que son las doce de la noche.

-Uy, mira esos dos que van por la otra acera. Mira, mira ¿Los conocéis? Son catalanes. Ella trabaja en el Congreso, no sé dónde. Él lleva poco en Madrid, pero no sabía que estaban liados. Tía, la gente no pierde el tiempo ni porque España se rompa.

-¿Alguien ha estado esta mañana en la comparecencia de los guardias?

-Yo no, ¿qué han dicho?

-No sé, me preguntan los del equipo de la mañana de la radio. Lo habrán visto en algún teletipo.

-Ya lo veo: uno ha culpado a los mossos de que no impidieran las votaciones el domingo.

-Mañana lo recuperas, que son las doce de la noche.

–Ya, pero los matinales están ya en mañana.

–Hoy es siempre todavía. Entendí esa frase cuando entré en la radio.

-Chicas, si os vais a poner trascendentes yo me largo. Agur. Muxus

En el buzón de voz

“Nena, supongo que has apagado el móvil ya. En realidad me habría gustado que tomáramos algo hoy. No he querido sacar el tema de camino a casa por si te sentaba mal pero acabo de hablar con mi madre y quería contártelo. No la reconozco. Está eufórica. Nunca la he visto así en mis 33 años de vida. Mi madre jamás se ha metido en política y ahora es la más indepe. Me ha llamado después de que saliera Puigdemont en la tele y está subida en la ola. Y esto ya es para nota: que sacó la cacerola durante el discurso del Rey. Yo creo que lo hace mucho por mi abuelo, que estaba emocionado con poder votar la independencia antes de morirse. El domingo llevó el tractor a la entrada del pueblo para impedir que llegaran de fuera a quitar las urnas. Para mi abuelo es una cuestión muy sentimental y mi madre está más implicada que nunca. Ha hecho donaciones y todo. Es verdad que la he oído siempre quejarse del maltrato a Cataluña, pero en los últimos tiempos habla de todo esto como si estuviera en juego nuestro honor o nuestra dignidad. Verás cómo haya 155. A mi madre le da algo, que ella quiere DUI sí o sí y a por todas. Dice que es el momento y que si no se hace ahora no se hará nunca y no te atrevas a decirle que han hecho una chapuza y que eso no era un referéndum porque ella lo que defiende es que se vote como sea. Pero bueno, lo que te decía, que te llamaba porque no quiero que pienses que te juzgo porque te parezca mal todo esto. Que esta mañana seguro que me expresé mal en el desayuno. Ayer no te llamé porque necesitaba desconectar después de todos estos días. Era como si me hubiera pasado un tren por encima. Y eso que no fui a Barna. Ahora no sé qué habría sido mejor. Pero aquí oías cada cosa. Hay gente que justifica que se haga cualquier cosa contra un referéndum que está claro que no va a reconocer nadie: no tenía garantías. Tenían que haber dejado que se votara y ya está. Qué manera de estropearlo todo. ¿Te vas a ir al final el fin de semana? En realidad, me apetece que nos veamos más. Si no, más adelante. No sé. Es todo muy raro. Tendré que ir a Barcelona, ya sabes, y ver cómo gestiono mi historia de allí. No es fácil para mí romper con ella y en realidad estoy en Madrid solo hasta que esto acabe. Si es que acaba. Pero me gusta estar en Madrid. Madrid mola pero allí está mi vida. Creo. ¿Quién me iba a decir en verano que iba a estar de madrugada en Lavapiés dejando este mensaje en tu contestador? No sabía ni que existías. En Barcelona, después de las noches de marcha solía ir al quiosco de la Rambla a comprar el periódico recién llegado de la rotativa. Era casi si un ritual. Despegar con prisas las páginas y limpiarme en el pantalón la mancha de tinta de los dedos. Echo eso de menos eso de Barcelona y sé que eso no volverá. Echo menos las bocanadas de humo a esta hora, buscando la frescura del mar, con un pitillo en las manos. Llevo ya cuatro años sin fumar ¿sabes? Yo fumaba mucho. Pero eso ha cambiado. Como ha cambiado Barcelona y como he cambiado yo. No sé si habrá cosas que volverán a ser como antes después de todo. Mi madre dice que serán mucho mejor. Ha rejuvenecido con todo esto y yo en cambio tengo la sensación de que me hago mayor. Espero que estés durmiendo. Bona nit de todas formas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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