Archivo mensual: marzo 2012

Como bailar un bolero

Si sumáramos todas las horas que Izquierda Unida ha dedicado en sus reuniones orgánicas a reflexionar sobre lo cerca o lo lejos que tiene que estar del PSOE, posiblemente nos daríamos cuenta de que éste ha sido uno de los temas que han nucleado la discusión interna en IU. Y mira que debaten de casi todo. El dilema histórico de ser más o menos colaboracionista, o no serlo nada, se ha convertido casi en una discusión circular que nunca se cierra, que va y que viene y que ha sido utilizada en muchos casos como justificación de purgas, divisiones y enfrentamientos varios. Como un bolero, dijo una vez Felipe Alcaraz que era la relación de las dos formaciones de la izquierda.

Con el doble de escaños que en la legislatura anterior, las urnas volvieron a poner a IU el domingo en la tesitura histórica de hacer en lugar de decir. Le ocurrió en 1994, pero le fue fatal la opción elegida entonces de intentar gobernar desde del Parlamento con el PP dejando al PSOE atado de pies y manos, y de Presupuesto. IU recibió un severo castigo electoral y desde entonces lleva purgando su pecados y lamentándose de aquella decisión que mayoritariamente atribuyen en Andalucía a Luis Carlos Rejón (por aquello de que las espaldas de Rejón soportan casi todo y porque ya no está en la política), pero de la que participaron muchos (Diego Valderas, como el que más, ocupando la  vistosa Presidencia del Parlamento de Andalucía). Los denominados pactos de progreso en los ayuntamientos (apoyarse mutuamente allí donde pudiesen aislar al PP) sirvieron de acercamiento entre PSOE e IU unos años después, sobre todo porque la negociación fue a escala regional y devolvió, en gran medida, la confianza perdida entre interlocutores.

Se restañaron las héridas en la cúpula, es verdad, pero en los cuadros medios y en la militancia siguió el sempiterno debate abierto sobre si acercarse o no a los rivales socialistas, llegando a provocar dolorosas rupturas. La que más debió de afectar a Diego Valderas fue la de su pueblo, Bollullos par del Condado, donde el ‘no’ de los suyos a pactar con el PSOE le llevó a expulsarles de forma ejemplar de la federación de izquierdas, apartando de la misma a uno de sus hombres de confianza. «Los socialistas han sembrado vientos en muchos pueblos, humillando a nuestra gente, y por eso recogieron tempestades en muchos sitios cuando quisieron pactar. Algo de eso explica lo que ocurrió en Extremadura», cuenta un histórico comunista.

Son esas desgarradas pasiones de bolero las que tendrán que ser controladas por Valderas para poder bailar con el PSOE la pieza tan sugerente que suena desde el domingo (su alianza con el PSOE da lugar a una holgada mayoría de izquierdas en el Parlamento de andaluz frente a la mayoría insuficiente lograda por el PP). Más allá del tono y de las declaraciones públicas, nadie duda de que él y sus colaboradores más cercanos están por la labor, pero de la habilidad en la gestión de ese acuerdo dependerá la credibilidad con la que Valderas se presente ante una organización de naturaleza asamblearia y con una arraigada cultura orgánica, muy diferente a la de los partidos mayoritarios. Y eso que la IU que llega a la primavera de 2012 con la llave del Gobierno andaluz no tiene nada que ver con la federación abierta y compleja, fundada a mediados de los ochenta y formada por muchos todos. La IU de hoy es resultado de la diáspora provocada por la estrategia de sacar al Partido Comunista «de la segunda clandestinidad», como se refería Felipe Alcaraz a la ocultación de las siglas del PCA bajo el paraguas de IU. En la práctica, ese reforzamiento de los duros «del partido» ha culminado una descapitalización de IU en favor del PCA en todos los sentidos, especialmente, en el humano. Son muy pocos los dirigentes de la corriente crítica que lideraba la ex diputada Concha Caballero que permanecen en sus filas.

Con esa realidad interna y con la amenaza de recortes sociales quitándole el sueño a los andaluces, IU tiene que decidirse y deshojar la margarita para siempre. ¿Optar por acuerdos puntuales en el Parlamento o cohabitar con el PSOE en la Junta? ¿Influir en las políticas renunciando a la gestión o ocupar cargos públicos asumiendo que habrá políticas que no sean del todo de su agrado? ¿Someter la gobernabilidad de Andalucía a una permanente negociación o darle la estabilidad suficiente para afrontar los retos de la legislatura? ¿Consolidarse como una voz parlamentaria potente o probar a ser un  partido de gobierno? A IU le llegó la hora de la verdad y a Diego Valderas, la responsabilidad de liderar un proceso que dé la mejor respuesta a los andaluces. Con sus votos, los ciudadanos lo han empujado a la pista de baile… Lo que está por ver es cuánto se arrima a su pareja.

1 comentario

Archivado bajo 25M